En esta temporada,el vino arremetió con novedades e innovaciones que pueden ser tan o más refrescantes que las otras bebidas con alcohol, además de muy prácticas para disfrutar en cualquier ocasión.


Siempre cuando calienta el sol, el cuerpo pide algo refrescante para tomar. Esa es la razón por la cual los vinos en general ceden terreno momentáneamente, y avanzan las cervezas, los aperitivos y los cócteles. Y es lógico, ya que estos brindan lo más importante cuando hace calor: frescura al paladar.

La sed se saca con agua, pero las ganas de tomar algo rico en verano se satisfacen con bebidas bien frías, sin importar tanto el aspecto cualitativo. Porque se sabe que a menor temperatura no solo se sienten menos los descriptores organolépticos, sino que además se adormecen las papilas gustativas. Por eso la cerveza domina la escena, ya que su amargor reconocible se percibe igual, y bien helada ofrece lo que tiene que ofrecer. En el caso de los aperitivos y cócteles hay más elaboración, pero también amplifican su presencia en esta época porque ofrecen frescura y diversidad. Esta elección también tiene mucho que ver con el cambio de rutina que todos hacen en vacaciones, dejando de lado sus hábitos y costumbres (y esto incluye a las bebidas) cotidianas.

Pero bajo el sol, el foco de pasarla bien no está dentro de las copas o en los vasos, sino en el entorno. Es por ello que la practicidad se vuelve el mayor atributo de las bebidas para disfrutar y refrescarse. Y el vino promete en este verano 2020 ser protagonista.

Son muchas las alternativas vínicas que tienen hoy los consumidores para disfrutar en verano. Algunas son bien innovadoras como el vino en lata; otras, más de la mano con el cuidado del medio ambiente y la sostenibilidad, con la llegada de vinos orgánicos modernos y accesibles. También, empiezan a asomar algunos vinos naturales -en su mayoría naranjos- que resultan súper refrescantes. Por otra parte, los rosados se multiplicaron y hay para todos los gustos y bolsillos. Y, por último, una nueva camada de vinos de verano, más conceptuales y que llegan para ampliar la oferta de los frisantes.

Por ahora hay solo diez bodegas que se animaron a lanzar vinos en este formato. En su mayoría son blancos dulces naturales, y espumosos dulces de baja graduación. La explicación es casi obvia. Por un lado, no quieren arriesgarse con vinos de línea ya consagrados. Además, la lata “obliga” a entregarse helada y a tomarse directamente. Esto saca del juego a los tintos; aunque algunos livianos a base de Criolla, Bonarda, Pinot Noir o Malbec podrían tener éxito; porque el frío potencia sus taninos y por ende la sensación de aspereza en su paso por boca, más allá de apagar su carácter frutal. No obstante, es un formato ideal para blancos y rosados secos.

Algunos de los flamantes vinos en lata ya están en boca de todos. Bodega Santa Julia presentó el primer vino dulce en lata de la Argentina. Santa Julia Chenin Dulce Natural ($150 la lata de 355ml). De baja graduación alcohólica y un nivel de azúcar propio de la uva que lo hace fresco y con un dulzor ideal para diversos momentos. “El vino en lata es el acompañamiento perfecto para las actividades de verano o al aire libre, por eso creemos que Chenin Dulce Natural es el indicado para introducir esta nueva forma de beber vino”, cuenta Juan Ignacio Guzmán, Marketing Manager de la bodega.

Por su parte, Finca Las Moras lanzó el nuevo Dadá 7 en formato lata, una propuesta refrescante y de baja graduación alcohólica, en sus variedades Sweet (blanco dulce) y Sweet Pink (rosado dulce). Ideal para aquellos que prefieren opciones dulces, burbujeantes y ligeras (graduación alcohólica: 5,7%), pensados principalmente para un público joven y moderno, que busca captar ocasiones de consumo sin estructuras y que prefieren nuevos caminos de disfrute más simples e informales. “Lanzamos al mercado el nuevo Dadá 7 Lata para brindarle a nuestros consumidores mayor flexibilidad, queremos que los disfruten en diferentes momentos y de una manera más descontracturada. Las latas representan el aquí y ahora de un estilo de vida sin complicaciones, no requiere equipo extra porque son un contenedor de tamaño único listo para servir “, expresó al respecto Luciano Esses, jefe de la marca.

Si bien nació en 1995, y desde entonces es el líder de los frisantes (vino dulce con finas burbujas), el New Age estrena una nueva imagen (ahora con el aval de Bodegas Bianchi en su etiqueta), y presenta una versión en lata de 269 ml, reflejando así las nuevas tendencias de consumo.

Otros vinos en lata que ya se consiguen son los Dilema de Estancia Mendoza, y hasta un Rojo y Soda, de Sucesores Michel Torino, un tinto sodeado en lata listo para tomar.

Sin dudas, el verano 2020 significará el desembarco de esta categoría con mucho potencial de crecimiento, al cual las bodegas miran con mucho entusiasmo.

Los viñedos orgánicos de la Argentina crecen mucho más rápido que las etiquetas de vinos disponibles en las góndolas. Porque esto no tiene que ver con una estrategia comercial del momento, sino con un cambio de paradigma y de filosofía del trabajo. El vino nace de la tierra, y el fruto que se obtiene de ella (la vid) sirve para elaborar la bebida más noble, diversa y con mayor valor agregado que existe. Es por ello que en los agrónomos y enólogos siempre estuvo el respeto por el terruño. Hoy, existen muchas maneras de arreglárselas sin el uso de agroquímicos ni herbicidas, sobre todo gracias a las condiciones naturales de las diferentes regiones vitivinícolas. Esto, y un mayor conocimiento, permite hoy que gran parte de las uvas sean orgánicas, aunque una minoría de viñedos estén certificados. Ya todos los productores promueven la biodiversidad de sus viñedos porque entienden que ese es el camino para lograr una mayor calidad de uva, y sostenerla en el tiempo.

Esto permitió, sobre todo a las grandes bodegas, lanzar al mercado vinos orgánicos de precios accesibles y con etiquetas modernas, a tono con las demandas de las nuevas generaciones, que se preocupan más activamente por el medio ambiente. Y si bien aún no hay una diferencia técnica que pueda indicar si son mejores o no que los demás vinos, es una tendencia en crecimiento, tanto detrás de escena como en el mercado de consumo.

Otra de las categorías que asoma, aunque tímidamente por ahora, es la de vinos naturales. Se trata de una técnica ancestral muy promovida en Austria y algunas regiones de Francia y Alemania, con la que se logran vinos sin sulfitos, ya que se parte de uvas orgánicas y no se utiliza anhídrido sulfuroso (SO2) en ningún momento del proceso. Además, son vinos con mínima intervención del hombre, es por ello que la mayoría llega a las copas turbios porque ni se filtran. Dentro de estos vinos, que pueden ser de cualquier tipo, hay uno que se destaca por su frescura y tensión en boca; el vino naranjo. Son vinos blancos que se vinifican como tintos, es decir que las pieles se maceran con el mosto y luego con el vino. De esta forma queda un blanco de aspecto ambarino, de aromas intensos y mucha frescura en boca. Con agarre, buen cuerpo, texturas firmes, y sabores persistentes.

Si bien se lanzan en primavera los rosados del año (en este caso los 2019), es en verano donde las bodegas buscan que se agoten, ya que son ideales para disfrutar de manera más informal, ya sea con comida o lejos de la mesa, cuando brilla el sol.

La calidad ha evolucionado tanto que los rosados actuales nada tienen que ver con los de hace cinco años. Hoy se piensan desde la viña y se elaboran con los mismos cuidados que los demás vinos. Algunos son accesibles y muy bien logrados, y generalmente vienen con práctica tapa a rosca, mientras que otros apuestan por una botella más llamativa y hasta tapones de vidrio. Y todos ellos, sin importar su precio, cumplen con su función; agradar a primera vista, por fuera y por dentro, siempre refrescado el paladar. Y uno de los más novedosos es Mandala, un rosado a base de Syrah (con algo de Malbec y Cabernet Franc) y Pinot Grigio, que se lanzó justamente en época estival porque quiere sacudir el mercado y ser el vino del verano. “Esta flamante línea de vinos no quiere ser reconocida por sus atributos vínicos, sino por su concepto. “State of Wine, state of mind” es más que un nuevo estilo de vinos, es un estilo de vida. Nacieron con el objetivo de conquistar paladares jóvenes, a partir de una marca impactante, una imagen limpia y moderna, botellas con práctica tapa a rosca, y un mensaje que rompe con la tradición”, asegura Horacio Ferrari, Gerente de Marketing del Grupo Avinea. Los Mandala son para disfrutar a toda hora, pensados para esos grupos de amigos que se juntan a compartir momentos, ya sea alrededor de una pileta, en una quinta, en la playa, en un balcón o en una terraza.

Son vinos muy bien logrados para lo que quieren ser. Además del rosé, muy completo, fácil y directo; hay un Sweet de Sauvignon Blanc, tan refrescante como equilibrado; y un Malbec joven y vivaz. Ya están a la venta a $270 cada uno.

Fuente: Infobae