Antes de la pandemia, los productores estimaban que las exportaciones crecerían. Ahora, es todo incertidumbre. Según un informe publicado por El Cronista, abundan la cancelación de pedidos internacionales. Las bodegas cerraron sus espacios turísticos y gastronómicos y se prevé crisis en el sector.

También la pandemia del coronavirus Covid-19 está impactando fuertemente en la industria vitivinícola. Por un lado, todo lo relativo a las actividades turísticas y gastronómicas de bodegas y viñedos está absolutamente paralizado, pero aquí no termina el drama, sino que apenas comienza.  

Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el año había comenzado muy bien, con una recuperación del 13,4% del consumo interno, respecto de los números de 2019. Además, había una recuperación de al menos un 1% en exportaciones internacionales de fraccionados y del 197% en cuanto a vinos a granel. 

Pero entonces, se presentó este fenomenal estado de pandemia y toda estimación cayó por la borda. 

Hay mucha cancelación de órdenes de compra del exterior e incluso, plazas habituales y poderosas como Europa ya están pidiendo a las firmas locales extensiones en los plazos de pago. A esto agreguemos que, como no hay turistas, los restaurantes y hoteles locales han dejado de comprarles, a la par que no hay visitas en los espacios turísticos de las bodegas. 

Una noticia a favor, inicialmente, fue que, por decisión oficial, no se detuvo el proceso de la cosecha, que se sabe que será abundante. Sin embargo, con el transcurrir de la pandemia y la decisión nacional de imponer la cuarentena obligatoria, interpuso un recurso, en forma unilateral e indiscriminada, la Federación de Empleados y Obreros Vitivinícolas y Afines (Foeva), para proteger a los empleados. 

Por eso, las entidades empresariales, como Bodegas de Argentina, se opusieron, pues el mismo presidente de la Nación, Alberto Fernández había exceptuado a la actividad vitivinícola. Finalmente, hubo un acuerdo de partes, se acrecentaron las medidas y recursos de cuidados y la tarea se realiza con normalidad. 

Patricia Ortiz, de Bodegas Tapiz, presidenta de Bodegas de Argentinas, recalcó al respecto que no hay otro modo de hacer la cosecha que no sea presencial, con los cosechadores in situ. En tanto, José Zuccardi, de la Unión Vitivinícola, concordó conceptualmente: “Estamos ahora concentrados en la cosecha”, aseguró. 

Sin embargo, todos estiman que se verá perjudicado el consumo interno, que venía creciendo, y las exportaciones. Para este año, los empresarios apostaban a recuperar los niveles perdidos durante los últimos tres años de la gestión de Macri. Así apuntaba a ser, pero el coronavirus se interpuso en los anhelos. 

Una de las salidas y de las enseñanzas que está dejando la experiencia es la necesidad de las bodegas de acrecentar sus ventas on line, hasta ahora, bastante descuidadas. 

En síntesis, turismo paralizado a nivel interno y externo (muchos cruceros trabajan con vinos mendocinos y muchos restaurantes del exterior), consumo interno paralizado, espacios turísticos de las bodegas cerrados, aplazamientos de cobros, todo parece confabularse contra esta industria. 

En fin, los hábitos de consumo seguramente cambiarán, la reactivación económica en el planeta será lenta y todo impactará en las cifras que se conozcan de abril en adelante. Una cosa en común reina en todos los continentes: la incertidumbre.

Fuente: Mendoza Online